"Idiota. Idiota. Idiota es mi nombre. Bueno... En realidad, para explicaros por qué Idiota es mi nombre, tendría que hablaros de Ella. Sí... Ella. Ella era la chica que se sentaba a mi lado en clase de latín. Bueno, en realidad, a principios de curso, aunque nos sentásemos pupitre con pupitre, silla con silla, ella no hablaba demasiado. Es más, de entre sus labios, y con suerte, sólo salía algún que otro suspiro. De descontento, diría yo... Tal vez hubiera preferido sentarse con alguna de sus simpáticas amiguitas,o tal vez prefería sentarse al lado de cualquier otro chico... Pero, a mi eso no me parecía opción válida. Para explicaros ésto he de hacer honor a mi nombre ( Idiota, para aquellos que no lo recuerden), y recitaré las siguientes palabras que un jueves, a las dos horas, diez minutos, seis segundos de la tarde, recitaron con claridad y determinación las cuerdas vocales de Ella: YO NO SOY ELLAS. No sé muy bien si captáis la idea o seguís como hasta ahora. El caso es que yo había conseguido que el 80% de las muchachas de mi instituto babeasen a mi paso. Había roto el corazón de un 40% y me había ganado el odio incondicional de aquel otro 19% que me catalogaban como chulo, engreído, con afán de liderazgo y matónrompecorazones. El otro 1% no opinaban y me ignoraban. La crème de la crème damas y caballeros. Sé lo que estáis pensando, pero no, ese 1% no es Ella, si no Otra. Y Otra siempre fue un caso a parte... Ella pertenecía al 19% que me odiaban incondicionalmente y por encima de todo pronóstico. Y eso, cada vez que entraba por la puerta los lunes a primera hora, los martes antes del recreo y los jueves a última, me resultaba lo más atractivo del mundo. El semblante siempre tenso, con apariencia militar si me miraba a mi y angelical si miraba a otros. Sonreía siempre, menos cuando yo la miraba. Tengo que admitir que ese curso en clase de latín más que a distinguir las declinaciones y los casos de las palabras, me aprendí al pie de la piel cuántas pecas tenía ella en las mejillas. 27 o... Bueno, tal vez 28. Cuando la clase era a primera hora parecía tener una de más. Y cuando era a última una de menos.
Fue entonces, a mitad de curso más o menos, cuando a ella se le olvidaron los apuntes de latín en el cajón del pupitre. Y yo, caballerosamente y con la sonrisa de Idiota que tengo, fui detrás y se los llevé. Me gritó y me dijo: no vuelvas a tocar mis cosas, Idiota. Fue entonces cuando entendí que en verdad, ella era la única persona que, si por alguna razón se parase a escucharme, sería porque me quería de verdad, y no porque yo era el superhéroe del instituto. Por eso, ahora, cada vez que me preguntan mi nombre recito la palabra Idiota. Porque ella me llama así, y porque jamás había echado a alguien tanto de menos.
Te quiere, tu idiota."
La vi cerrar la carta y mirarse coqueta al espejo.
Se acomodó la melena y me vio en el reflejo.
"IDIOTA"
Eso dijo antes de salir por la puerta, besarme la mejilla y desaparecer.
La seguí y se volvió a girar, negó en silencio, y puso cara de militar.
"IDIOTA"
No he vuelto a saber de Ella. Creo que se cambió de instituto.
De ciudad.
De país.
De continente.
De planeta.
Para siempre.
Wow, increíble tu entrada! Me gusta mucho tu blog y tu forma de escribir, sigue así! :)
ResponderEliminarUn besito.
http://quedaprohibidonocreartupropiahistoria.blogspot.com.es/
¡Muchísimas gracias! Siempre me ha encantado escribir. Ya paso ahora por el tuyo.
EliminarOtro para ti.