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viernes, 30 de diciembre de 2011

El motivo por el que me amabas, cariño, por favor, recuérdame una última vez.

Para apagar el mundo dale al play.

Uno más no deja de ser uno menos.

Si quieres nos sentamos a ver las estrellas pasar, terminar el año para volver a empezar a tu lado. Saltar encima de los charcos de agua helada por la calle, y empaparnos de felicidad.

Tu recuerdo juega conmigo a las damas.

¿Te gusta jugar a aparentar? A mi tus problemas me dejaron de importar a la par que tú dejaste de contar los lunares que se pasean por mi cuerpo. Prometiste volver, dijiste quererme hasta más no poder y ahora te has ido, y créeme que no te dejaré cruzar el límite, ya me ha dolido bastante.

jueves, 29 de diciembre de 2011

3 años sin ti.

-Echo de menos al abuelo- susurró mi hermana, sentada sobre el parqué claro del pasillo. Me acerqué a ella con paso ligero y me senté a su lado, el frío del suelo escaló por la piel de mis piernas.- ¿Tú le echas de menos?
Asentí, con una gran sonrisa cansada y la mirada perdida en el amarillo de la pared.
-¿Y echas de menos a alguien más?- sus pequeñas palabras tropezaron con un sentimiento que no alcancé a acertar si rozaba la tristeza o picaba la curiosidad. 
-¿A qué te refieres?
-A un novio, por ejemplo- no pude evitar soltar una carcajada muda, una carcajada de aire.
-A veces, sobre todo a amigos más que a "novios" como tú dices.
-¿Por qué?
-Porque... El amor es mucho más complicado de lo que pintan en las películas, enana. En realidad no es tan fácil comer perdices, y nunca hay un final definido en el que puedas decir que serás feliz para siempre. El amor está en una metamorfosis constante, y hay que saber entenderlo todos y cada uno de los días que lo sientas porque si no se te escapa de las manos y es horrible... Se come los bordes de las amistades y carcome la confianza, fomenta el odio y la rabia y las ganas de más.
-Creo que ya no quiero enamorarme.- le di un golpecito en el hombro, y la besé en la frente.
-No le tengas miedo a nada... Además, es inútil, de todas formas te enamorarás igualmente.
-Tú no crees en el amor, ¿verdad?
-No mucho, a veces es un tanto mentiroso. No confío.
-¿Por qué?
-Porque, digamos que él me prometió que Amistad nunca se iría, pero la echó de casa.
-¿Amistad?- sus enormes ojos castaños clavaron sus pupila en la mía.
-A dormir, pequeña, tal vez mañana lo entiendas.- la conduje hacia su habitación, y la arropé. Antes de cerrar la puerta, su voz resonó por cada recodo de la estancia:
-¿El abuelo nos echará de menos?
-Él siempre está con nosotras, ¿recuerdas?-sonreí y cerré la puerta. El pasillo se hizo inmenso a cada paso. Decidí pasar la noche en el sofá.

Puntos de sutura.

¿Sabes? En los últimos meses me he llevado tantas decepciones que ahora me da la sensación de que he creado un fuerte a mi alrededor que me impide amar, sentir compasión o incluso llorar. Yo no digo que no me gustes, pero mis instintos me dices que he de ser sigilosa como los felinos en temas como estos. Otra derrota más y estoy perdida, las anteriores heridas están a medio cicatrizar, algunas incluso aun llevan puntos de sutura.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El hielo es a la piel como tu recuerdo a mis neuronas: FUEGO.

El invierno no ayuda. El invierno no ayuda a quemar calorías, ni a sentir calor. El invierno no ayuda a omitir su falta, ni a olvidar que sobre la mesa meses antes había otra taza de café.  El frío empapa la piel, se filtra por los poros y se pasea por los huesos. Se pega a los músculos, y congela los recuerdos. Así es inevitable darse cuenta de que en casa el primer cajón está ahora vacío, que el sofá es incluso más grande que antes. El dolor se queda parado, da igual que ya te duela poco, el eco del olvido resuena entre las cavidades de tu cráneo. Y eso duele aún más, e incrementa las náuseas y los dolores de cabeza. La desesperación por querer derretir el hielo que envuelve tu agonía. La primavera entonces se vuelve tardía.