De vez en cuando, las puertas se abren y los muros se pulverizan. De vez en cuando la realidad choca contra tus ventanas y rompe los cristales. De vez en cuando cortan, de vez en cuando no. La mayoría de las veces que me paro a pensar la cantidad de gente que tiene algo, por pequeño que sea, que me horroriza, me doy cuenta de la cantidad de defectos que puedo sacarme a mi misma mirándome a los ojos en un espejo. Diciéndome la verdad sin pestañear. A veces no te queda otra, ¿no? A veces los complejos son amigos, a veces es mejor dejarlo atrás.
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sábado, 14 de abril de 2012
miércoles, 4 de abril de 2012
domingo, 1 de abril de 2012
Venezia.
El olor a sal y humedad se filtraba por las callejuelas más estrechas de las 130 islas. La penumbra se engarzaba en aquellas barcas alargadas que, siendo más oscuras que la propia falta de luz, aún mostraban elegantes el tintineo de las formas doradas que la decoraban. Se cernía la noche sobre Venecia, una noche en la que nadie era quien realmente era. Gatos hambrientos, leones famélicos y serpientes venenosas por caras. Era un espectáculo espeluznante. Le ofrecí el pequeño frasco de arsénico al gondolero y le susurré: que no salga con vida de entre los canales de ésta ciudad.
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