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viernes, 30 de noviembre de 2012

Solo eso.

No es necesario que le regales un castillo. Está más colgada de ti de lo que tu cabeza llega a entender. Jamás algo tan fuerte la había desarmado. No tienes que darle la vida. Solo tienes que cuidarla, e intentar quererla más de lo que ella te quiere.

This is the end.


Hold your breath and count to ten
Feel the earth move and then
Hear my heart burst again



~Adele~

viernes, 23 de noviembre de 2012

¿El amor?¿Qué es eso?

-¿Sabes lo que es una nube de algodón de azúcar? Esponjosa, enorme y dulce. Y, en realidad, aunque sí dulce, pegajosa e infinitamente pequeña. Así eres tú. Todo apariencias, engañosamente dulce, y terriblemente falso. ¿Meterme yo contigo? Jamás, solo te digo que, llegados a este punto, voy a saltar.
-Yo a ti tampoco te soporto, que conste.
-Pues bien que vienes cuando tienes la oportunidad de verme la piel.
-Ya está aquí la licenciada en hormonas con patas.
-Deja de hablar como un niño rebotado, y date cuenta de que ya no lo somos, hemos crecido, y me he dado cuenta de que tus frecuentes engaños no me ayudan, mas bien me degradan. No permitiré que me pises.

Curioso libro había sacado de entre las pilas que descansaban en mi estantería. Me pregunté si así era el amor, dulce al principio y desgastado y amargo al final. Una vez oí decir a alguien "ya le tengo, no hace falta  enamorarle más", ¿y en las películas de amor? Eso de las flores, los buenos días princesa, el sufrimiento de pasar días sin ver a tu media mitad... ¿Qué era el amor? ¿Era falso lo que decían las películas? ¿Podía existir algo tan fuerte?
-Me sigues- su voz me sacó de mis pensamientos y miré hacia arriba-, buenas tardes chica Peter Pan.
-¿Qué es el amor, chico sin sonrisa?
-Tú, por ejemplo tú eres amor.
-Cómo voy a ser yo amor... Yo soy piel, yo soy huesos.
-Pero también eres vida, y la vida ama.
-¿La vida ama?
-Sí, es algo que tenemos en la cabeza, una capacidad.
-Entonces, yo tengo amor.
-No, tú eres amor.
-¿Y cuál es la diferencia?
-Tu no llegas a ser el mejor por ti mismo, si lo miras a nivel social... Destacarás por ejemplo en un concurso si le gustas al público. Y si te aman, serás amor.
-¿Y quién me ama a mi, chico sin sonrisa?
-Los pájaros cuando les das de comer.
-Yo no le doy de comer a los pájaros...
-¿Y repartes sonrisas? ¿No puedes dejar de sonreír?
-¿Por qué iba a hacerlo? Tú deberías probar, vaya cara de muerto.
-Por eso te amo, chica Peter Pan. Por tu sonrisa.


jueves, 22 de noviembre de 2012

No quería, lo juro.

Dudaba bastante que llegasen a entender una sola palabra de todo aquello que yo necesitaba excusar. Y por eso corrí. Corrí como si el mundo se plegase detrás de mi, enrollándose como una enorme alfombra roja. Roja de sangre. Juro que no lo hice a propósito, y mucho menos a sabiendas de las repercusiones que mi acto podría acarrear. Pero ¿quién escucha a una pobre loca que se dedica a olfatear flores, libros y especias? Corrí tanto que mis tobillos se rompían con la fuerza de mis pisadas. Juro que no quise hacerlo, y si lo hice fue sin querer, fue instinto. Instinto depredador, como el de los lobos, o los leones. Invadía mi espacio, corrompía mi alma. Me quemaba. Yo no quería hacerlo, no quería matarle. Él me obligó.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La chica Peter Pan.

Durante el paso de aquel invierno sentía que la emoción de aquella sonrisa iba calando cada vez más en el eco de mi memoria. Dolía casi hasta respirar, aunque tal vez fuese el viento helado que casi hasta cortaba. Era la segunda vez que la veía. Y a cada paso que daba la soportaba menos. Quise preguntarle de nuevo aquella cosa que ya le había dejado caer en nuestro último encuentro, pero no supe decirle nada. No supe hablar, era como si la comunicación se hubiese cortado entre nosotros por medio de aquella espléndida y perlada sonrisa de charol. 
-Me gustan los ositos de gominola.
Su absurda faceta de criaja del tres al cuarto me crispaba la piel. Era imposible ser tan extremadamente ñoña, con complejo de nube de azúcar; y mucho más imposible el que no dejase de sonreír nunca. Entonces, ¿qué hago yo aquí en medio, sonriendo como un imbécil ante la presencia de aquella niña atrapada en el cuerpo de una adolescente?
-La chica Peter Pan.
Se dio media vuelta, y se alejó por la calle húmeda, a trompicones y con la sonrisa siempre a cuestas.

Fuera se te echa de menos, anda llorando la libertad.


~Leiva~

viernes, 2 de noviembre de 2012

Humildad.

¿Cómo van a respetarte los demás si tú no haces por que te respeten? Menos aún lo harán si tú no respetas al resto. Tu ego es tan sumamente grande que en cualquier momento explotarás en miles de trocitos cargados de odio y complejos. Espero que te des cuenta de que no siempre el que tiene más poder es más feliz, y que hay miles de formas de superar las malas rachas. Y créeme que la mejor forma es cuidar de tus amigos, para que estos te cuiden a ti. No todo lo que tienes delante son espejos, coronas y admiradores. Hay gente, millones de personas que, al fin y al cabo, no son diferentes a ti. Por ello creo que deberías comerte todo eso que te oprime de una vez, porque por pisar a los demás no eres mas grande, si no más pequeño.


La novia cadáver.

Y este corazón responde: aunque no late, se rompe.


~Tim Burton~

¿No puedes dejar de sonreír?

Caminaba por la calle en dirección desconocida. Lo único bueno que me había pasado en todo el día había sido despertarme. No prestaba atención a los transeúntes: caras sin nombre que se exhibían delante de mi y parecían felices, amargadas o indiferentes. 
Noté como si alguien me siguiera. Una risita tonta rebotaba contra los talones de mis pies, me giré. Una chica morena de pelo largo hacía equilibro en el escalón de un portal para intentar no caerse. Si se escondía de mi la verdad es que no lo estaba haciendo nada bien.
Seguí mi camino sin prestarle la menor importancia. Esquivé un bache en el suelo con mucha agilidad, pero a la pobre chica que me seguía no le dio tiempo y se apoyó en mi para no caer. Me volví hacia a ella y la miré sin expresión alguna:
Sonreía, sonreía tanto que dolía mirarla. Tenía los dientes completamente alineados y blancos, los ojos achinados por su eterna expresión de felicidad y su pelo se revolvía con el viento que bailaba por la calle. Tendría la misma edad que yo, o poco menos. Parecía estar nerviosa. Parecía frágil. Parecía...
-Hola.
Su voz resonó por mi cabeza durante más de un minuto. Era clara y aguda, de niña pequeña. La sonrisa acompañó cada vocal de la palabra. Y seguía doliendo mirarla.
-¿Hola?- respondí sonriendo de lado. La piel de sus mejillas se tornó rosada. Sonreí mecánicamente hacia ese impulso y seguí caminando. Y cómo había imaginado, ella siguió mis pasos a trompicones. Caminó un poco más rápido para ponerse delante mía y comenzó a avanzar hacia atrás mientras me miraba a los ojos sin parar un segundo de sonreír:
-Yo me llamo Sofía, ¿y tú?
Me paré en seco y ella lo hizo también (con serias dificultades para mantener su equilibrio).
-¿Por qué...?- dije. Ella abrió más los ojos como esperando una respuesta, y ante la ausencia de ella, agrandó la sonrisa, cosa que yo creía imposible- ¿no puedes dejar de sonreír?
-No- dijo ladeando la cabeza y dejando escapar un risotada.
-Eres un tanto repelente.
Asintió con la misma alegría, se giró, y la vi desaparecer entre la multitud.