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sábado, 21 de julio de 2012

El circo del terror.

Después de un pequeño rodeo por la ciudad, conseguimos introducirnos en gigantesca carpa de lona carmesí por una pequeña fisura en uno de sus flancos. Cuidadosamente, ascendimos por las gradas y tomamos asiento en unos bancos de metal oxidado que quedaban libres. Una voz surgió de la nada mientras, en el escenario, de entre el telón rojo sangre demacrado por el tiempo, salía una neblina blanca y de un olor un tanto peculiar:
-Damas y caballeros, niños y niñas, víboras y otros reptiles, en ésta noche de julio, van a entrar ustedes en un ir y venir de sensaciones explosivas intravenosas. Créanme, que jamás en sus vidas habrán visto nada igual, lugar donde los ciegos ven y los sordos te contestan a la primera, hemos venido hasta aquí para que pierdan ustedes el miedo. ¡MIEDO DEL QUE LA GANDALLA SE ALIMENTA! Sí señores, hablo de ese miedo feroz hacia los lobos, las arañas, el amor y la sociedad. Hablo de ese miedo que nos bloquea. Bienvenidos, al circo del terror.

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