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viernes, 14 de septiembre de 2012

Soledades.

-¡No lo entiendes!
Y era cierto, nadie lo hacía. Pegué un portazo al salir. Septiembre. Frío y dulce septiembre... Me apresuré por las calles de la villa dando trompicones y con miedo a resbalar por las húmedas baldosas que cubrían el suelo. Cuando me adentré en el parque, las gotas de agua me hacían daño en la cara. Corrí por la hierba y acabé tropezando en un agujero y cayéndome al encharcado suelo en el que se hundieron mis manos, ladeé el rostro y comencé a llorar. Sentía como la lluvia me daba con fuerza en la piel para después acariciarme suavemente. A los pocos minutos se calmó. Me senté.
-Si supieras lo sola que me siento, lo apartada que estoy en todos lados... Ni siquiera siento que pueda aceptarme a mi misma. Ahora mismo creo que soy la peor mierda del mundo, y nadie está ahí para decirme lo contrario.


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