Asentí, con una gran sonrisa cansada y la mirada perdida en el amarillo de la pared.
-¿Y echas de menos a alguien más?- sus pequeñas palabras tropezaron con un sentimiento que no alcancé a acertar si rozaba la tristeza o picaba la curiosidad.
-¿A qué te refieres?
-A un novio, por ejemplo- no pude evitar soltar una carcajada muda, una carcajada de aire.
-A veces, sobre todo a amigos más que a "novios" como tú dices.
-¿Por qué?
-Porque... El amor es mucho más complicado de lo que pintan en las películas, enana. En realidad no es tan fácil comer perdices, y nunca hay un final definido en el que puedas decir que serás feliz para siempre. El amor está en una metamorfosis constante, y hay que saber entenderlo todos y cada uno de los días que lo sientas porque si no se te escapa de las manos y es horrible... Se come los bordes de las amistades y carcome la confianza, fomenta el odio y la rabia y las ganas de más.
-Creo que ya no quiero enamorarme.- le di un golpecito en el hombro, y la besé en la frente.
-No le tengas miedo a nada... Además, es inútil, de todas formas te enamorarás igualmente.
-Tú no crees en el amor, ¿verdad?
-No mucho, a veces es un tanto mentiroso. No confío.
-¿Por qué?
-Porque, digamos que él me prometió que Amistad nunca se iría, pero la echó de casa.
-¿Amistad?- sus enormes ojos castaños clavaron sus pupila en la mía.
-A dormir, pequeña, tal vez mañana lo entiendas.- la conduje hacia su habitación, y la arropé. Antes de cerrar la puerta, su voz resonó por cada recodo de la estancia:
-¿El abuelo nos echará de menos?
-Él siempre está con nosotras, ¿recuerdas?-sonreí y cerré la puerta. El pasillo se hizo inmenso a cada paso. Decidí pasar la noche en el sofá.
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