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viernes, 2 de noviembre de 2012

¿No puedes dejar de sonreír?

Caminaba por la calle en dirección desconocida. Lo único bueno que me había pasado en todo el día había sido despertarme. No prestaba atención a los transeúntes: caras sin nombre que se exhibían delante de mi y parecían felices, amargadas o indiferentes. 
Noté como si alguien me siguiera. Una risita tonta rebotaba contra los talones de mis pies, me giré. Una chica morena de pelo largo hacía equilibro en el escalón de un portal para intentar no caerse. Si se escondía de mi la verdad es que no lo estaba haciendo nada bien.
Seguí mi camino sin prestarle la menor importancia. Esquivé un bache en el suelo con mucha agilidad, pero a la pobre chica que me seguía no le dio tiempo y se apoyó en mi para no caer. Me volví hacia a ella y la miré sin expresión alguna:
Sonreía, sonreía tanto que dolía mirarla. Tenía los dientes completamente alineados y blancos, los ojos achinados por su eterna expresión de felicidad y su pelo se revolvía con el viento que bailaba por la calle. Tendría la misma edad que yo, o poco menos. Parecía estar nerviosa. Parecía frágil. Parecía...
-Hola.
Su voz resonó por mi cabeza durante más de un minuto. Era clara y aguda, de niña pequeña. La sonrisa acompañó cada vocal de la palabra. Y seguía doliendo mirarla.
-¿Hola?- respondí sonriendo de lado. La piel de sus mejillas se tornó rosada. Sonreí mecánicamente hacia ese impulso y seguí caminando. Y cómo había imaginado, ella siguió mis pasos a trompicones. Caminó un poco más rápido para ponerse delante mía y comenzó a avanzar hacia atrás mientras me miraba a los ojos sin parar un segundo de sonreír:
-Yo me llamo Sofía, ¿y tú?
Me paré en seco y ella lo hizo también (con serias dificultades para mantener su equilibrio).
-¿Por qué...?- dije. Ella abrió más los ojos como esperando una respuesta, y ante la ausencia de ella, agrandó la sonrisa, cosa que yo creía imposible- ¿no puedes dejar de sonreír?
-No- dijo ladeando la cabeza y dejando escapar un risotada.
-Eres un tanto repelente.
Asintió con la misma alegría, se giró, y la vi desaparecer entre la multitud.

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