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viernes, 27 de enero de 2012

El chico de la sonrisa de plata.

Era sin duda el chico más atractivo de la zona. Tenía el pelo azabache y los ojos muy oscuros, casi tanto como el chocolate negro. Su rostro casi nunca estaba sereno, y eso le daba un aire duro que nos dejaba a todas embobadas. A todas menos a mi, que su presencia apenas me importaba. Sonreía pocas veces, y cuando lo hacía, incluso mi concentración sufría un cortocircuito. Las muchachas más coquetas del barrio morían por su boca, las demás, avergonzadas, envidiaban a las afortunadas que, por lo menos, habían conseguido un beso suyo en la mejilla. Aún recuerdo con claridad las miradas asesinas de las chiquillas de la ciudad aquel día de fiesta en el que se me acercó, y con su voz clara y rota a la vez me pidió que bailase con él. Ante la atenta mirada de aquel ejército de criminales femeninas, no se me ocurrió más que preguntarle:
-¿Por qué?
Un coro de murmullos se formó a nuestro alrededor y él contestó:
-Porque no eres como ellas.

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