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martes, 7 de febrero de 2012

No debería ser excusa.

Entre tanto comentario y frío mis neuronas estaban sufriendo un amotinamiento. No era capaz de comprender a qué venía tantísimo revuelo. Aún quedaban siete días para ese día tan especial, en cuestión, en cambio, todo el mundo hablaba de él como si fuera mañana.Y peor aún, ¡cómo si fuese importante! Y se pintaban historias de color de fresa y hablaban de príncipes azules y de rosas rojas. ¿Y qué más? Igual el chico que ahora mismo está desarmando el bolígrafo sobre su mesa, el de la primera fila, tiene dinero para una docena y media de rosas y un caballo con alas de plumas blancas. O el grupito de atrás, que en estos momentos está ocupadísimo con aquella gran concentración de nivel superior que requiere desmontar un típex, para luego atar la cinta a una silla y tirar la carcasa que cuelga de ésta por la ventana. Esos sí; que saben de ingeniería; seguro que ellos podrían hacerlo, traer un bonito poema y una caja de bombones de nestle. Pero, ¿nos hemos vuelto locos todos o qué? Y os quejáis. Sinceramente, yo no creo en el amor, supongo que os habréis dado cuenta por la forma en la que he descrito antes a esos seres masculinos. Pero el día de San Valentín debería de ser todos los días. Todos los putos días del año son importantes para querer a una persona, no debería ser excusa un simple número en el calendario. No debería ser excusa. Pero lo es...


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