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viernes, 2 de noviembre de 2012

Humildad.

¿Cómo van a respetarte los demás si tú no haces por que te respeten? Menos aún lo harán si tú no respetas al resto. Tu ego es tan sumamente grande que en cualquier momento explotarás en miles de trocitos cargados de odio y complejos. Espero que te des cuenta de que no siempre el que tiene más poder es más feliz, y que hay miles de formas de superar las malas rachas. Y créeme que la mejor forma es cuidar de tus amigos, para que estos te cuiden a ti. No todo lo que tienes delante son espejos, coronas y admiradores. Hay gente, millones de personas que, al fin y al cabo, no son diferentes a ti. Por ello creo que deberías comerte todo eso que te oprime de una vez, porque por pisar a los demás no eres mas grande, si no más pequeño.


La novia cadáver.

Y este corazón responde: aunque no late, se rompe.


~Tim Burton~

¿No puedes dejar de sonreír?

Caminaba por la calle en dirección desconocida. Lo único bueno que me había pasado en todo el día había sido despertarme. No prestaba atención a los transeúntes: caras sin nombre que se exhibían delante de mi y parecían felices, amargadas o indiferentes. 
Noté como si alguien me siguiera. Una risita tonta rebotaba contra los talones de mis pies, me giré. Una chica morena de pelo largo hacía equilibro en el escalón de un portal para intentar no caerse. Si se escondía de mi la verdad es que no lo estaba haciendo nada bien.
Seguí mi camino sin prestarle la menor importancia. Esquivé un bache en el suelo con mucha agilidad, pero a la pobre chica que me seguía no le dio tiempo y se apoyó en mi para no caer. Me volví hacia a ella y la miré sin expresión alguna:
Sonreía, sonreía tanto que dolía mirarla. Tenía los dientes completamente alineados y blancos, los ojos achinados por su eterna expresión de felicidad y su pelo se revolvía con el viento que bailaba por la calle. Tendría la misma edad que yo, o poco menos. Parecía estar nerviosa. Parecía frágil. Parecía...
-Hola.
Su voz resonó por mi cabeza durante más de un minuto. Era clara y aguda, de niña pequeña. La sonrisa acompañó cada vocal de la palabra. Y seguía doliendo mirarla.
-¿Hola?- respondí sonriendo de lado. La piel de sus mejillas se tornó rosada. Sonreí mecánicamente hacia ese impulso y seguí caminando. Y cómo había imaginado, ella siguió mis pasos a trompicones. Caminó un poco más rápido para ponerse delante mía y comenzó a avanzar hacia atrás mientras me miraba a los ojos sin parar un segundo de sonreír:
-Yo me llamo Sofía, ¿y tú?
Me paré en seco y ella lo hizo también (con serias dificultades para mantener su equilibrio).
-¿Por qué...?- dije. Ella abrió más los ojos como esperando una respuesta, y ante la ausencia de ella, agrandó la sonrisa, cosa que yo creía imposible- ¿no puedes dejar de sonreír?
-No- dijo ladeando la cabeza y dejando escapar un risotada.
-Eres un tanto repelente.
Asintió con la misma alegría, se giró, y la vi desaparecer entre la multitud.

martes, 16 de octubre de 2012

Ni tan si quiera tus palabras.

Me he pasado la vida intentando estar contigo. Intentando enamorarte, llamar tu atención, ayudarte... Y hoy sé que es imposible conseguir eso. Y créeme que si tan solo una parte de mi, sintiese que una milésima de tu mente está dedicada a pensarme, no dormiría buscando una excusa que usar para hablarte. Pero también sé que hoy no encuentro nada, y estoy tan cansada de dar vueltas en círculos en medio del desierto que has creado entre nosotros, que ya ni tan si quiera tus palabras me parecen una buena recompensa al término del día. 

viernes, 14 de septiembre de 2012

Soledades.

-¡No lo entiendes!
Y era cierto, nadie lo hacía. Pegué un portazo al salir. Septiembre. Frío y dulce septiembre... Me apresuré por las calles de la villa dando trompicones y con miedo a resbalar por las húmedas baldosas que cubrían el suelo. Cuando me adentré en el parque, las gotas de agua me hacían daño en la cara. Corrí por la hierba y acabé tropezando en un agujero y cayéndome al encharcado suelo en el que se hundieron mis manos, ladeé el rostro y comencé a llorar. Sentía como la lluvia me daba con fuerza en la piel para después acariciarme suavemente. A los pocos minutos se calmó. Me senté.
-Si supieras lo sola que me siento, lo apartada que estoy en todos lados... Ni siquiera siento que pueda aceptarme a mi misma. Ahora mismo creo que soy la peor mierda del mundo, y nadie está ahí para decirme lo contrario.


viernes, 7 de septiembre de 2012

And boy, I believe in us.


~Christina Aguilera~
(Burlesque)

Si el mundo quiere.

-No sé mamá, creo que...
-No creas nada, pequeña. Verás, cuando yo tenía tu edad conocí a lo que la gente llama el amor de tu vida, te miento si te digo que era el más guapo, o el más listo, o el más alto; pero tenía ese algo que me volvía loca... Nunca había querido a nadie como le quise a él. Aunque bueno, yo era bastante joven...
-¿Y qué pasó con ese chico?
-Quedábamos casi todos los días y me hablaba sin parar de cosas que jamás entendí, y yo creo que las mías tampoco las entendía. Íbamos a andar en bici, a comer helados, y cuando llegaba el otoño nos tirábamos encima de las montañas de hojas secas del parque. Cuando cumplí los 17 años me hacía sentir igual de cría que cuando le conocí cuatro años atrás... No sé, me rejuvenecía y me hacía sentir libre, a gusto y bien... Aunque...
-¿Aunque?
-A medida que creces y entras en eso etapa de adolescencia en la que no estás de acuerdo ni contigo mismo, pues las discusiones aumentan. Y con nosotros también aumentaron. Hubo un tiempo que solo sabíamos discutir como locos, nada que hacíamos ya nos molestaba... Era casi imposible pasar un día entero bien.
-Qué triste... ¿Y qué pasó después?
-Nos pedimos perdón por hacernos tanto daño, él me dijo que yo era todo lo que él había podido tener en el mundo, y estuvimos juntos hasta mi 18 cumpleaños... Al día siguiente desapareció.
-¿Cómo?
-Sí, solo me dejó una nota que ponía "si el mundo quiere que estemos juntos con la misma fuerza  con la que yo tengo claro que eres lo que más he querido en la vida, que vuelva a juntarnos."
-Qué bonito, ¿os volvisteis a ver?
-Yo fui a estudiar a Londres, y allí trabajé durante dos años como ya sabes, y luego volví...
-Y conociste a papá en el aeropuerto, que venía de viaje desde París.
-No exactamente...
-Espera, espera, ¿ya le conocías?
-Quién sabe...
-¿Qué fue de aquel chico?
-Pues está a puntito de preguntarnos qué van a preparar hoy sus dos chiquillas.