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jueves, 22 de marzo de 2012

Próxima parada:

ITALIA
He de pedirte perdón si te molesta lo más mínimo que me marche así de pronto, sin más. Tal vez me necesites cerca, tal vez te caigas y yo no esté para levantarte. Da lo mismo, eres fuerte, de acero, y sé que puedes hacerlo sin mi ayuda. Es más, siempre lo consigues sólo. Me gustaría que recordaras siempre ésto: POR MUY LEJOS QUE ESTÉ, YO SIEMPRE ESTOY CONTIGO. Siempre pienso en ti, créeme. Por cierto, sonríe un poco, ¿vale? Nos vemos pronto, en nada, te quiero.

viernes, 16 de marzo de 2012

Todo eso y más.

-¡¿Por qué lo harías todo por esa otra persona?! ¡Vamos, responde! Cómo sabes que ella también se levantaría temprano para verte hacer lo que más quieres, cómo sabes que ella también se mantendría despierta hasta las tantas de la noche mientras lloras en su hombro, cómo sabes que gastaría su tiempo en encontrar alguna tontería de esas extrañas que tanto te gustan. Cómo sabes se preocupa por ti siempre, a todas horas, cómo sabes que ella, con mirarte a los ojos, ya sabría qué es lo que te está pasando, y aún así dejaría que te desahogaras contándole todo aquello que te reprime. Eh, ¿cómo lo sabes?
-Lo sé porque esa otra persona ya hizo todo eso, y más.

lunes, 12 de marzo de 2012

And find a way to make you stay.


Roman Lob

¿Seguirás queriéndome por la mañana?

Ayer por la noche, mientras anochecía y me planteabas las dos posibilidades que tenía mi futuro a tu lado, supe que ese período de tiempo al que llamamos "mañana", me da el mismo miedo que me daba la oscuridad y el silencio cuando era pequeña. Y no he puesto ese ejemplo para que lo relaciones con que es un miedo tonto, si no como comparación con un miedo puro. Un miedo con su pizca de ignorancia. Y ese miedo lo insinuaste tú en la primera opción, en aquella frase que decía "que yo sea el para siempre". No era la primera vez que lo decías, pero ésta vez no me supo a cielo, si no más bien a tierra. A tierra mojada. Me supo a que, la siguiente opción, la número dos, sería áspera y amarga: "que yo sea quien te marque mucho, y que años después, cuando empieces otra relación, me recuerdes". Mientras seguías escribiendo, añadiendo a aquel huracán de sentimientos un: "y ten por seguro que quiero ser la primera", supe que eras ese máximo del que hablan en las películas. Ese "hamor" en el que yo creo, pero sin hache. Supe que, pase lo que pase mañana, o al día siguiente, o al siguiente, no podría borrar de mi cabeza ni tan siquiera las primeras palabras bonitas que me dijiste, aquel "tienes unos ojos preciosos" o aquel "me encanta tu sonrisa". Ni tampoco dejaría de admirar la forma en la que cuentas las cosas, la pasión que le pones a todo lo que haces excepto cuando te parece una pérdida de tiempo. Y esa forma de moverte, de gesticular o de mirarme. De enfadarte con el mundo y encerrarte quién sabe dónde hasta sabe dios cuando. Esa confianza que nos hemos construido ahora, esa forma en la que rompes el cariño en una frase a las tantas de la noche. Cuando me hablas de música, cuando me miras y sin preguntar ya sabes lo que pasa. Ese chico es el amor de mi vida, con todo, sin excepciones.


viernes, 9 de marzo de 2012

Monstruo.

Mi reflejo me preguntó por qué lloraba. Me miró con la cara congestionada, empapada, y con un gesto seco y cortante me repitió: "¿por qué lloras, maldita sea?" Sonreí de una forma que incluso a mí misma me inquietó. Llevaba unas setenta y dos horas en aquella celda de cemento, frío y duro como el acero, y después de romper a llorar, mi pecho se retorció en densas carcajadas. Y no pude evitar encontrarle el tono macabro al asunto, ¿qué pintaba yo en un cubo de piedra con un piano y un espejo? A eso sabe la soledad. Como máxima compañía mi presencia y de banda sonora las notas de aquella caja de madera color azabache. Dí un fuerte golpe contra al suelo y me desplomé, miré de nuevo aquel espejo que ocupaba toda la pared y allí estaba mi otro yo, con ojos de felino. En eso me había convertido.

viernes, 2 de marzo de 2012

Desde aquí no hay tierra.

Y yo quería contarte a qué sabe el agua del mar si le quitas la sal. Quería enseñarte el brillo de la luna cuando se apaga el sol. El color del cielo sin luz. El olor a tierra sin humedad. La belleza de una mariposa sin alas. Mi sonrisa, cuando no estás.